Un pequeño paraíso

Jue, 13/06/2019 - 10:52
Cumpleaños Pasquilla
A 20 kilómetros de la zona urbana de Ciudad Bolívar, en la vereda de Pasquilla, una biblioteca se está convirtiendo en punto de encuentro con el conocimiento y centro cultural para los campesinos de Bogotá. Conoce la Biblioteca Público Escolar Pasquilla

Kevin López pedalea sin esfuerzo por la montaña entre Pasquilla y Pasquillita. A pesar de la lluvia, más de veinte niños y niñas como él atraviesan en bicicleta las colinas de Ciudad Bolívar para celebrar el primer cumpleaños de su biblioteca. A veinte kilómetros del área urbana de la localidad y 2700 metros sobre el nivel del mar, casi siempre llueve. El agua, dicen los ancianos de la vereda, nutre la tierra para cultivar mejor. Pasquilla, ubicada en zona rural de Ciudad Bolívar, alimenta a la ciudad, allí se producen diferentes tipos de papas, fresas, habas, zanahorias, entre otros productos.

A Pasquilla, nombrada así por el Monseñor Suárez en homenaje al departamento de Pasca, se puede llegar en SITP. Desde la localidad de Tunjuelito, cerca al hospital del Tunal, comienza el recorrido montaña arriba: laderas empinadas, escaleras y casas de colores hacen parte del paisaje urbano que termina en el barrio San Joaquín. Ahí el amarillo y naranja de las ladrillera de Mochuelo deja atrás el cemento y bullicio de la ciudad para darle paso al verde de las montañas de las nueve veredas de la localidad. Ciudad Bolívar es un territorio particular, 90% montaña, 70% ruralidad.

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En la biblioteca Kevin se queja después de una caída en la bicicleta, ni los escarabajos más expertos pueden controlar los frenos bajo la lluvia en un terreno arenoso. Catalina Aponte, promotora de lectura de la Biblioteca Público Escolar Pasquilla, y un enfermero lo atienden para asegurarse de que todo esté bien. Después de unos minutos, Kevin está en la sala infantil jugando con Sharon, su hermana, y otros niños de la vereda mientras esperan el pastel de cumpleaños de la biblioteca.

El 8 de junio del 2018, como parte de las acciones lideradas en el marco del Plan Distrital de Lectura y Escritura Leer es Volar, y el trabajo conjunto de las Secretarías de Educación y Cultura y el Ministerio de Cultura se inauguró la Biblioteca Público Escolar Pasquilla, un espacio con una colección de casi 3000 ejemplares distribuidos entre la sala infantil y la sala general. 

Desde la biblioteca, ubicada junto a una de las sedes del Colegio Rural Pasquilla, cuando la niebla lo permite, se ve la vereda y sus montañas. Quince kilómetros de territorio campesino, trabajador, fértil. De haciendas parceladas convertidas en fincas y viviendas. De espacios de diálogo, festejo, interacción, lecturas y conocimiento. Quince kilómetros que cobran sentido porque, como en lo urbano, se convierten en un espacio para vivir, pero en relación a un contexto natural, agrícola y verde. 

Para este territorio, que es diferente al de la ciudad, al de la Ciudad Bolívar urbana, se construyó la biblioteca, se seleccionó una colección diversa y especializada en temas agrícolas y se planean los talleres. “Yo no sabía manejar un computador y vine a tomar el curso de alfabetización de sistemas, ese es mi vínculo con la biblioteca”, dice Sol Martínez, operaria del acueducto de Pasquilla, tesorera de la Junta de Acción Local y usuaria del taller de Alfabetización informática.

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Sol nació y creció en Pasquilla, cuando era niña no eran muchas las oportunidades académicas y profesionales. “Uno solo estudiaba hasta quinto de primaria: si era niño al crecer trabajaba en el campo, si era niña en una casa de familia. Cuando llegó el bachillerato íbamos a investigar hasta la Biblioteca del Centro, la Luis Ángel Arango, después llegó la Biblioteca del Tunal y ahora tenemos la de Pasquilla, al lado de nuestras casas.” 

Con la biblioteca, afirma Sol, llegó la riqueza de los libros: una riqueza mental, una riqueza de oportunidades. “Antes no teníamos la vocación de leer, ahora, poco a poco, niños, jóvenes y adultos pueden y se interesan más por venir, prestar libros y leer. Yo he aprendido muchas cosas, entendido muchas cosas, porque no hay que leer por leer, sino entender.”

Niños, jóvenes, adultos y adultos mayores siguen reunidos a pesar del frío para cantarle el cumpleaños a su biblioteca. Sharon López, hermana de Kevin, da una palabras. Es una de las usuarias más fieles, conoce con propiedad y puede recomendar varios de los libros de la sala infantil: Lágrimas de cocodrilo, Tito y Pepita, La casa de los ratones, entre otros. Incluso ha creado varias historias, todas de animales. “Espero que cuando sea grande, estos cuentos no se vayan, que sigan prestándolos. Que este espacio siga para que podamos jugar y divertirnos.”

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Desde su apertura, la biblioteca ha afiliado 473 usuarios y realizado 6.750 préstamos, sin embargo el principal reto, según su coordinadora Vielsa Marroquín, es llegar a toda la ruralidad de Ciudad Bolívar. “La estrategias que utilizamos para conquistar los territorios más alejados y atender las nueve veredas de la localidad es la extensión bibliotecaria. En este momento estamos apostando para que el trabajo en extensión sea la bandera de la biblioteca, así los servicios y actividades de formación no quedan atados al espacio físico sino que pueden moverse por el territorio. La biblioteca somos nosotros y somos todos.”

De esta estrategia hacen parte Anny Morales y César Laguna, promotores de Espacios no Convencionales que llevan una maleta llena de libros por las veredas de la localidad. César trabaja con niños en los colegios creando personajes y un camino lector; Anny hace clubes de lectura, bordado y tejido con mujeres y niños en diferentes casas de las veredas. El trabajo conjunto de los promotores ha logrado llevar parte de los servicios y programas de la biblioteca por la ruralidad.

El impacto de la biblioteca se mide más allá de cifras. María Galindo, de 75 años, nació y creció en Pasquilla, se considera campesina ciento por ciento. Para ella “la bibliotecas es importante no solo para los adultos mayores, sino para nuestros jóvenes y niños porque tienen un lugar cerca en el que pueden aprender, investigar, leer y hacer sus tareas. En la biblioteca encuentran sus saberes en los libros.” Dice que la biblioteca es una gran ganancia para la zona rural. Nunca se imaginó ver una biblioteca en su tierra querida, su tierra natal. “No me voy porque quiero mucho mi tierra, aquí nací y aquí crecí, y cuando el todopoderoso diga hasta aquí fue, que sea en Pasquilla.”

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María y otros adultos mayores campesinos asisten al club de tejido, al club de adulto mayor y los programas de alfabetización tecnológica, informática y elemental. Este último, dice Vielsa, es uno de los más concurridos e importantes porque permite dar un paso vital en equidad reduciendo los índices de analfabetismo del campo colombiano y haciendo de la cultura un bien de todos. 

Con Pasquilla, la segunda biblioteca rural de BibloRed, sigue la apuesta por llegar a los sitios y personas más alejadas de la cultura escrita. Transformar contextos por medio de libros para generar nuevas historias, nuevas formas de vivir y ciudadanías más informadas.

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Lo que ha pasado en este año en la biblioteca de Pasquilla es un vuelo compartido, le dice Catalina Aponte a los usuarios citando a Eduardo Galeano. “Tecnología del vuelo compartido: el primer pato que levanta vuelo abre paso al segundo, que despeja el camino al tercero, y la energía del tercero alza al cuarto, que ayuda al quinto, y el impulso del quinto empuja al sexto, que presta viento al séptimo… Cuando se cansa, el pato que hace punta baja a la cola de la bandada y deja su lugar a otro, que sube al vértice de esa V que los patos dibujan en el aire. Todos se van turnando, atrás y adelante; y ninguno se cree superpato por volar adelante, ni subpato por marchar atrás.”

Vielsa, Kevin, Sharon, Anny, César, Sol, Catalina y María vuelan en V.  Apoyándose en conjunto para no desfallecer y ayudar al progreso de la comunidad, a la conservación de las tradiciones y la memoria local, a la tecnificación de los conocimientos sobre agricultura y cultivos, al empoderamiento campesino. María Mercedes Carranza dijo en un poema que el silencio es verde, quizás como las montañas de Pasquilla. Desde la llegada de la biblioteca el verde continúa pero casi no hay silencio, los habitantes las veredas conversan más, crean más, cuentan sus historias. Campo y ciudad siguen existiendo juntos, dependiendo uno del otro, ahora, gracias al vuelo conjunto, la relación es menos desigual.