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Usuaria en la biblioteca pública de Bosa
Por Julián Andrés Gómez Mejía

Marlyn Quintero y el sueño de llevar a Venezuela lo aprendido en la Biblioteca Pública Bosa

Miércoles, Mayo 27, 2026 - 09:19
Con más de 8 años asistiendo a la Biblioteca Pública Bosa, Marlyn Quintero confía en el rol de las bibliotecas como sitios de transformación social y trabajo comunitario.

Con vestiditos para muñequitas de papel, Marlyn Quintero comenzó a interesarse por el arte. En ese entonces era una niña curiosa de Maracaibo, Venezuela. Ningún familiar le inculcó esa vena artística, aunque su papá tenía bibliotecas atestadas de libros y generalmente andaba con agendas para escribir. “Lo cultural me ha interesado toda la vida. Desde siempre buscaba espacio para disfrutar de teatros así fueran callejeros, recitales de poesía, exposiciones de arte o lo que pudiera”, expresa Marlyn, que le gustaba visitar Mérida para asistir con una prima a más eventos culturales.

 

La niña que crecía vistiendo muñecas de papel se convirtió en diseñadora de modas y logró elaborar mejor su criterio artístico con los desfiles. Entre más exploraba este universo, más le gustaba hasta convertirse en algo adictivo. Desde hace 8 años continúa nutriendo esa faceta de su vida, pero ahora desde la localidad de Bosa.

 

Llegada a la Biblioteca Pública Bosa

 

Marlyn llegó a Bogotá en un contexto complejo.  “Hubo una situación que me afectó muchísimo con mi hijo en el colegio. Él tenía 7 años y en su inocencia me pregunta: ‘Mami, ¿qué tiene de malo ser venezolano’, yo le pregunté por qué me lo decía y él me respondió que en el colegio le estaban diciendo que era malo ser venezolano”, comenta Marlyn. 

 

Este episodio es crucial porque a partir de ahí a ella le surgió la necesidad de buscar espacios para que su hijo se distrajera. Buscó en internet hasta que le salieron eventos gratuitos en las bibliotecas de BibloRed y entre ellas encontró la de Bosa. 

 

“En la pandemia participé de la olla comunitaria en la que convocaron colectivos y pregunté qué era, porque esa palabra en Venezuela es otra cosa, tiene una connotación diferente y no muy positiva. Pero me explicaron lo que hacen los colectivos en la biblioteca con la huerta y me sumé a uno de esos”, señala Marlyn

 

Desde entonces, empezó a involucrarse con proyectos de la Alcaldía local de Bosa y algunas organizaciones. Hoy en día hace parte del grupo de personas a cargo de la creación de la política pública de migrantes en Bogotá. 

 

Marlyn y el Club de Fotografía

 

Además de diseñadora de modas, Marlyn también estudió fotografía y  alcanzó a tener educación básica en decoración profesional. Durante varias de sus sesiones, se dio cuenta de que otras bibliotecas contaban con clubes de fotografía y pensó que sería buena idea iniciar con algo similar en la biblioteca.

 

“Teníamos los equipos, el conocimiento y un compañero con los mismos intereses que yo, así que se dieron las circunstancias”, explica Marlyn sobre este espacio, que continúa creciendo con sus altibajos en el espacio bibliotecario.

 

Con cada jornada se intenta trabajar un concepto básico de la fotografía y ponen en práctica esos conocimientos con sus celulares o las cámaras que están disponibles en la biblioteca. Aunque hay un grupo consolidado llegan personas nuevas con frecuencia que se ponen al día con las demás; así como también hay otras personas que paulatinamente dejan de asistir. Sin embargo, este desafío no le disminuye las ganas a Marlyn. 

 

“Siempre he dicho que la biblioteca es mi segundo hogar desde que vivo acá. La razón por la que me he mantenido es porque me ha dado muchas cosas. Entre más vengo, más cosas recibo. Primero vine como un espacio de distracción, pero después se convirtió en un espacio de trabajo, de estudio… Se convirtió en el espacio donde comencé a conocer más agentes del sector”, dice.

 

Bogotá, la ciudad en la que todos caben

 

Cuando recién comenzó a involucrarse con las actividades de la biblioteca, Marlyn asistía al taller de escritura que era dirigido por un argentino. Allí se sintió aliviada de no ser la única extranjera presente en las sesiones. De esa experiencia surgió como producto un libro cartonero que hace parte del espacio de Memoria Local en la biblioteca.

 

“Bogotá es muy pluricultural en las creencias religiosas, en las actividades artísticas y eso me ha gustado mucho de esta ciudad. En Bogotá hay oferta cultural gratis y para bajo, mediano o alto costo. Tienes que ser de mente abierta cuando quieres conocer algo. Si bien hablé de la xenofobia, es cierto que los que llegamos a nuevas ciudades debemos tener la capacidad de adaptación. No podemos llegar solo a criticar, sino estar abiertos a vivir la experiencia”, concluye Marlyn.

 

Marlyn sigue soñando en grande y pensando en Venezuela desde Bogotá. Su deseo más latente es tener la influencia y los medios suficientes para implementar un sistema de bibliotecas similar al de BibloRed. Ella explica que le gustaría ver espacios bibliotecarios en su país en los que, además de libros, la comunidad se encuentre para reforzar el tejido social y también que sean lugares de discusión que se conviertan en un refugio para cada persona. 

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