“La cárcel es una gran maestra de la espera”

Jue, 12/11/2020 - 09:49
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El trabajo dentro de los espacios de privación de libertad puede llegar a ser un mundo ajeno. Te invitamos a conocer la historia de Camilo Igua y su labor en la Cárcel Distrital

Escrito por: Oscar Mauricio Suárez

Camilo Igua es un filósofo bogotano y hace parte del equipo de profesionales en Alfabetización Inicial con los que cuenta BibloRed en el Centro Aprende. Ha trabajado por más de 5 años en este ejercicio de mediación en espacios de privación de libertad, como lo es  la Biblioteca de la Cárcel Distrital. Hoy, nos cuenta su historia. 

Cuéntenos un poco sobre su formación… 

Soy Bogotano, vivo aquí y así seguiré hasta buscar un clima parecido. Sufro de calor y ya estoy habituado (risas). Estudié Filosofía y luego hice una Maestría en Desarrollo Educativo y Social.

¿Y a nivel laboral?

Trabajos he tenido varios. La mayoría se fueron decantando por la pedagogía en diferentes ámbitos y las relaciones de ella con algunos lenguajes artísticos, particularmente la literatura y por eso en su momento he llegado a pensar y organizar con diferentes poblaciones procesos de escritura creativa, lo que en BibloRed se llama “Promoción de lectura”. 

Desde mi lugar profesional ha habido un escenario muy reiterado en mi formación que ha sido el trabajo en cárceles. Ese proceso laboral inició en el 2014, como una preocupación personal, de reflexión. Recuerdo la primera ocasión que ingresé a una cárcel que fue en el 2013, y ya han sido 7 años de trabajo para mí. 

¿Cómo fue esa primera experiencia dentro de una cárcel? Y en relación a los  procesos de mediación en estos espacios, ¿Cómo inició todo? 

Tengo una versión poética que he contado mucho sobre la decisión de trabajar en las cárceles: un libro que leí en un contexto muy particular, y que se ha vuelto una de las lecturas que me ha acompañado por mucho tiempo. 

No recuerdo exactamente la fecha de fallecimiento de mi abuelo paterno, pero sí recuerdo mucho que cuando él falleció, teníamos una costumbre familiar: y es que el año nuevo, que es la fecha pactada para pasarla con la familia de mi papá, había una sencilla costumbre, donde mi abuelo, un hombre sencillo, humilde de Boyacá, leía unas palabras al iniciar el año nuevo. 

Ese era el primer año donde él no podía hacerlo. Había una tensión particular en el aire, rara. Mi padre estaba profundamente entristecido...y bueno, la solución es el libro para mí. Recuerdo que tomé un libro de la biblioteca de mi papá y me senté en su escritorio a pasar el tiempo hasta que fueran las 12. Y curiosamente el libro que tomé azarosamente de la biblioteca de mi papá fue un libro muy poco conocido en Colombia, pero fue Premio Editorial Planeta, como el segundo autor latinoamericano que ha ganado este premio. Se llama “La Cárcel”, una novela escrita en forma de diario por el escritor santandereano Jesús Zarate. Una novela fascinante, que me devoré casi la mitad y me ayudó mucho a tramitar la situación difícil que describí y particularmente desde ahí me generó un interés muy hondo por el espacio carcelario, porque la novela tiene pocos lugares descritos. 

En la novela, la historia transcurre en una celda donde hay cuatro hombres que conversan todo el tiempo, donde hay pocas acciones fuera de ella. El resto de la novela transcurre en la celda. En la capacidad profunda de observación de un escritor que nunca pasó por este lugar, Jesús Zárate nunca pasó por una cárcel. Así que esa ficción que Zárate recreó, fundó para mí el interés en las cárceles, y luego empezó una tarea muy particular que fue buscar la manera de estar en este espacio. 

¿Qué hizo para lograr cumplir con esa tarea?

Empecé a buscar información sobre  “Libertad bajo palabra”,  un programa del Ministerio de Cultura, el programa más antiguo de promoción de escrituras creativas en cárceles que tiene el país. Recuerdo haberle escrito a su creador, que es José Zuleta, uno de los hijos de Estanislao Zuleta, en Cali. Y él me referenció a otra persona aquí en Bogotá, que era uno de los encargados de los talleres que este programa realiza, y lo que me dejaron claro desde el principio fue que no había un espacio, una localidad libre dentro de los procesos que se hacían en Bogotá para poder articularlo… Así inició una tarea de espera. La cárcel es una gran maestra de la espera.

Cada tanto les escribía tanto a José Zuleta como a Victor Manuel Mejía, que es un cronista y periodista. Les escribía, les insistía un poco queriendo estar en este espacio. Incluso si fuese gratis, no buscaba remuneración alguna, quería estar ahí para entender el proceso. Pasar mis días en la comprensión y en la práctica de la lectura dentro de este espacio. 

Recuerdo un día particular, en el que estaba en un proceso de formación en Derechos Humanos a niños en el barrio San Cristobal Norte, y recibo una llamada de Victor Manuel Mejía después de un año largo. Esto fue en el 2014. Y Victor me dice que se creó otro programa muy parecido al de Libertad bajo palabra para trabajar específicamente en cárceles del modelo de Justicia y Paz que se implementó a final del gobierno de Uribe y comienzo del gobierno de Santos. en las falsas desmovilizaciones de las AUC y también en las desmovilizaciones que provocaron en las filas de la guerrilla de las FARC, y me dice que la cárcel de Chiquinquirá se había convertido en una cárcel de Justicia y Paz, y que había que hacer un proyecto de escritura allá porque era uno de los marcos que la justicia restaurativa permitía, es decir, ofrecer a las personas privadas de la libertad la posibilidad de redimir pena a través de la escritura, de la literatura. 

Básicamente nadie quería ir allá, y me dijo que si yo tenía interés me ofrecía empezar por ahí, pero tenía que ir a Chiquinquirá por cuenta propia, costear el transporte y todo esto... y bueno, accedí. Y así empezó un periplo curioso de mi vida,  que ha sido viajar por cárceles en Colombia.  Por este tipo de procesos he tenido que recorrer por años las cárceles del país: en Boyacá, en el Meta...y también por gusto propio, buscando otras articulaciones y acciones derivadas de otros procesos. 

¿Cómo fue su llegada a BibloRed?

Llegué por otras razones. En su momento, las instituciones públicas estaban tratando de llevar a cabo un ejercicio coordinado que fundó un comité de reflexión sobre procesos de alfabetización en Bogotá. Y viendo que la alfabetización era un problema relevante para la ciudad y transversal, es decir, que le interesaba a muchas instituciones de lo público, como a la Secretaría de Educación, de Cultura y a la Red de Bibliotecas, este interés derivó para las bibliotecas puntualmente, en la intención de crear una sala especializada en procesos de alfabetización para la ciudad, que hoy está en la Biblioteca Gabriel García Márquez - El Tunal. 

El Centro Aprende, que es el nombre de este proyecto, derivó en la necesidad de construir una propuesta alrededor de procesos de alfabetización. Esa propuesta la construye la actual líder de la Escuela de Mediadores que es María Fernanda Silva.

María Fernanda deriva en su propuesta la necesidad de tener a tres profesionales encargados de tres procesos puntuales, propios de la misionalidad del Centro Aprende. Yo fui contratado para una de las acciones o sublíneas conocida como la  alfabetización inicial. Y la razón de ellos, es porque durante muchos años yo he trabajado en procesos de educación comunitaria que involucraron en su momento construir una reflexión, unos proyectos relacionados con la alfabetización inicial, con el enseñar a leer y escribir a personas adultas. Así fue que llegué al Centro Aprende, hacia finales del 2018, en el mes de octubre de ese año.

¿Qué similitudes y diferencias encuentra entre lo que ha realizado para la Biblioteca de la Cárcel Distrital, con respecto a otros espacios de privación de libertad en los que ha estado?

Podría citar muchos, pero voy a concentrarlos en una diferencia que yo considero crucial: mi presencia en los otros procesos que se hacen con el Ministerio de Cultura, por ejemplo, en los que se hacen en el marco también de las acciones propias en otras organizaciones de las que hago parte en la actualidad...digamos que la posibilidad propia de estar en la Cárcel Distrital, era hacer intervenciones esporádicas, concretas, limitadas por la propia naturaleza de la Cárcel. El hermetismo de la Cárcel, la dificultad de poder abrirlo y entenderlo como un espacio de lo público y del ejercicio de la ciudadanía, y que la Cárcel sea un escenario cerrado, hermético. Entonces lo que se lograba gestionar para estar dentro era unas intervenciones concretas, de - máximo - algunos meses, que lo llevaban a esforzarse enormemente por consolidar ese proceso durante ese tiempo, pero un proceso que culminaba ahí. 

Una vez culminado el tiempo que iba a estar, pues la tarea se hacía afuera: de volver a insistir para volver a entrar, volver a construir el marco, reflexionar sobre lo hecho para tratar de construir una propuesta nueva en torno a ese ejercicio, y volver a tocar las puertas para ver si lograbamos volver a reiniciar el proceso, y también esta situación - creo yo - nota la ausencia propia de un campo que estaba emergiendo, que no se proponía todavía estas reflexiones. Hacía que básicamente se entendiera como natural, que cualquier proceso de este talante durara apenas unos meses y luego hasta el otro año volver a entrar. 

¿Por qué creé que sucede esta falta de continuidad en los procesos de mediación de lectura y escritura como en este caso? 

Porque si hay algo que estos procesos han obviado en la reflexión, pero insisto, a veces obviarlo no es de mala intención, sino de que la experiencia y la práctica le va produciendo un saber que tarda en consolidarse. Una vez terminados estos procesos, la cuestión es cómo continuarlos, cómo articularlos a otras intenciones, articularlos con el afuera, con esa reflexión para la ciudad misma de lo que implican estas experiencias. La Cárcel Distrital y el proyecto bibliotecario tiene otro talante. Tiene un talante de proyecto, que seguramente se ha enfrentado a muchas de estas dificultades. Es una particularidad que la Cárcel Distrital sea la única a cargo de una entidad distinta al INPEC, y casi que es un espacio -con todas las dificultades - pequeño. Una entidad encargada de una única cárcel. Creo que esta naturaleza particular, de ser un proyecto con cierto nivel, no tan descomunal, le ha permitido a la Cárcel Distrital convertirse en un proyecto que tiene tiempo de proponerse algunas reflexiones, algunos ensayos, algunas propuestas piloto de ejercicios como el propio proyecto bibliotecario que tiene lugar allí: la primera biblioteca pública en un espacio de privación de libertad, precisamente por el carácter no tan gigantesco del proyecto en este espacio. Casi que se ha vuelto un observatorio de manera natural de diferentes acciones y procesos. 

Naturalmente con todas las limitaciones, la Cárcel Distrital tiene muchas mayores disposiciones para que actores externos a la cárcel, al personal de guardia, a los funcionarios de la Secretaría de Seguridad, Convivencia y Justicia, puedan entrar a participar en este espacio, de este laboratorio de lo público, que se ha convertido la Biblioteca de la Cárcel. 

Aparte de lo anteriormente mencionado, ¿qué otros aspectos ha visto de diferentes dentro de la Cárcel Distrital en relación con otros espacios de privación de libertad? 

Yo recuerdo que la cárcel misma ha hecho esfuerzos sustanciales para oponerse a someter a las personas privadas de la libertad a las condiciones de hacinamiento en las que han vivido y viven hoy cientos de miles de personas en las cárceles bajo la batuta del INPEC. Y es una oposición en la que el director de la cárcel se ha opuesto a traslados...Han hecho un ejercicio de resistencia desde las instancias burocráticas, por decirlo de alguna forma, que ha permitido que la Cárcel Distrital mantenga unas condiciones que posibilitan ciertos ejercicios de observación, de ensayo, que luego se vuelven casi que proyectos de investigación. Creo que este talante de una mayor apertura, al menos dentro de la Biblioteca de la Cárcel Distrital, es convertir este centro en un espacio de unas aperturas para el ejercicio de la ciudadanía, y para que la noción de lo público se amplíe. Creo que ese es un carácter que yo no he encontrado en ningún otro espacio de privación de libertad, y eso es lo que me lleva por ejemplo, a poder estar hoy, una o más veces a la semana, todas las semanas, de Febrero a Diciembre, en una cárcel de manera ininterrumpida. Creo que solo así uno también puede plantearse unos procesos que trascienden, determinados alcances, con sus limitaciones que el ejercicio de la mediación de la lectura, la escritura y la oralidad en los espacios de privación de la libertad tienen hoy en otros escenarios. Creo que esa es una buena manera de tratar de limitar mis reflexiones al respecto. 

¿Cuál ha sido la mayor satisfacción de su trabajo con las Personas Privadas de la Libertad, en el contexto que ha estado en estos últimos años?

Creo que sin duda han sido más los sinsabores que las satisfacciones. Porque si hay algo que la cárcel le recuerda a uno, que con frecuencia los ejercicios de mediación de lectura, escritura y oralidad han olvidado, es que la lectura, la escritura y la oralidad están asociados a una materialidad, es decir, estar articulados con la vida social, y a veces esta noción se nos pierde por apuestas estéticas que han abandonado lo político de lo estético. 

Nos parecen bien algunas implicaciones o incidencias dentro de las construcciones subjetivas de los sujetos que son las Personas Privadas de la Libertad. Es decir: a veces yo me siento dentro de las cárceles como un sujeto que le está contando a otra persona todo lo que él conoce por sus privilegios, todo lo que yo conozco por mis privilegios. Que me ha posibilitado conocer un sinfín de referentes y de cosas, frente a otras ciudadanías muy restringidas, que a duras penas conocen algunos aspectos minúsculos del ejercicio de la ciudadanía, casi reducidos a un estado de supervivencia, para los cuales ciertas cosas que nosotros hemos naturalizado por ejemplo la promoción de lectura y el ejercicio de ejercer la ciudadanía desde el lugar que les ofrecemos, pues, hemos olvidado. Entonces yo me siento así, es decir: como hablándole a la gente de un poconon de cosas que yo conozco, pero que he podido conocer por mis privilegios, y hablando con ellos y tratando de posibilitar algunas reflexiones. Creo que la posibilidad de ampliar las visiones de mundo es una tarea que tiene un nivel de lo poético también. Como otros pueden descubrir que existe una manera de estar en la existencia, que no está limitada únicamente a las 3 o 4 acciones de supervivencia que muchos de ellos conocen de manera restrictiva, no conocen otra cosa. 

Que realmente uno puede plantearse en la vida ejercer algunos lugares tan extraños como el ser artista, como el ser escritor, y un poco menos extraños pero igualmente extraños como el ser promotor, el ser auxiliar, el ser coordinador de sala...O sea, ellos y ellas siempre se sorprenden de que haya gente dedicada a estos oficios y que les paguen...Hacer esa tarea como de amplitud del ejercicio de la ciudadanía me ha parecido siempre muy poderosa en muchos ámbitos. 

Pero luego viene el lado B de esto que es muy problemático, y que es sin duda el marco de la reflexión en el que estoy hoy: y es ¿dónde queda la materialidad en todo esto? Es decir: que hace la promoción de lectura en ciertos sentidos, cómo reflexiona la escritura creativa y la mediación de lectura y escritura por una materialidad de la lectura. Es decir, por personas que a las cuales les pedimos leer pero no tienen que comer, les pedimos leer pero la vida en libertad cuando la recobran, vuelve a tener los mismos marcos restrictivos que ya conocíamos, y fácilmente afirmamos que simplemente ellos son los que no quieren ejercer los derechos culturales. Y pues tenemos este enorme problema: de que la materialidad de la lectura ha quedado de lado y la promoción se quedó en una reflexión muy moderna. del juicio del gusto casi... Pero nos falta un camino por la construcción de la materialidad, de las acciones que desde la Biblioteca gestamos o desde la promoción de la lectura y la escritura, que es la tarea a pensar, ¿no? Cómo hacemos que la lectura y la escritura de alguna manera insidan de manera pensada en la materialidad de la vida social y de la materialidad de los sujetos que están allí, es una tarea enorme que todavía no hemos pensado de una manera juiciosa. Y los proyectos que se gestan desde las bibliotecas y desde los otros espacios de promoción de lectura tampoco lo hacen. Tienen algunas intuiciones y han empezado a emerger algunas acciones desde ellas y desde ellos orientadas a este propósito, pero estamos en un camino y en un momento particularmente problemático -para mi-de las acciones que la mediación a la lectura y escritura se hacen en muchos ámbitos de la vida social, incluyendo las bibliotecas públicas. 

Para terminar, ¿Qué le diría a las personas del común sobre ese concepto o prejuicio que tienen sobre las personas que están privadas de la libertad?

Siempre he tenido la intuición de que lo que habría que volcar a las cárceles es un ejercicio de lo público y de lo ciudadano masivo, o sea, volcarnos hacia esos escenarios para terminar aboliendolos. Esa es mi postura reciente, en una madurez de hace unos años que le da la práctica. 

En eso tiene que tener cabida el diálogo con los ciudadanos y ciudadanas que incluso no tiene que tener un interés por los espacios de privación de libertad. Yo lo que le reitero a las personas es que, pensar la cárcel no es pensar únicamente en esas vidas atrapadas dentro de la cárcel, sino es pensar en el propio orden del mundo. Lo que no queremos saber, conocer, es una herencia de la cultura. ¿Por qué no queremos conocer sobre estos espacios? ¿Qué es lo que pasa ahí que no queremos conocer o que no quieren que veamos? Y ese mismo régimen que se aplica sobre la cárcel seguramente aplica sobre muchas cosas afuera de la cárcel. 

Muchas de las personas que no quieren ver la cárcel son los que la vida social, de alguna manera, los va a llevar a alguien, a ellos mismos, a sus familiares a la cárcel misma. Cualquiera de ellos en cualquier momento puede terminar ahí, así como cualquiera de nosotros puede terminar ahí ante cualquier situación. Pero este régimen hace que uno se piense el por qué tampoco las personas de otro lugar de estratificación más alto, tampoco quieren pensar la cárcel. Y tiene que ver un poco con que el ejercicio de los privilegios que ellos tienen, son el resultado de la privación de esos mismos privilegios que otros ciudadanos y ciudadanas tuvieron que padecer. Y yo no quiero darme cuenta muchas veces, de que mis privilegios cuestan nombres propios, cuestan historias de vida, sobre las que se cimenta, mi forma de estar en el mundo. Creo que son visiones muy incómodas, pero que precisamente la cárcel nos delata. 

Y por último, creo que es muy interesante pensar en que, la reflexión por la cárcel y por legitimar la cárcel, por aceptarla como un espacio de la vida social legítima, nos inscribe también a un orden que está más allá de la cárcel. Es decir, legitimar la cárcel, es también legitimar la vida social que hoy tiene Bogotá. Las formas de vida que tiene el mundo en general, sobre todo el mundo latinoamericano que es hiper carcelario. Y nosotros estamos de acuerdo con todo lo que pasa en el orden social. ¿Estamos legitimando una forma de la sociedad en la que no hay problemas, en la que todo marcha perfectamente? Nos estamos dando cuenta de que nos estamos inscribiendo, aceptando en legitimar la cárcel, que todo tenga el lugar que tiene en el mundo. La cárcel es solo uno de esos escenarios. 

Pero es un enclave particular, alrededor del cual se ordena nuestra vida. Si deslegitimamos la cárcel estamos deslegitimandola de forma directa. Y la pregunta es: ¿No hay nada que transformar de la vida que tenemos socialmente hoy? Bueno, es un poco mi intuición en torno a la reflexión que cualquier persona debería empezar a contemplar. 

Este BibloReportero fue escrito por Oscar Mauricio Suárez, Auxiliar de la Biblioteca La Cárcel Distrital y hace parte de un proceso de escritura liderado por la oficina de Divulgación y Prensa. Nos interesa conocer los usuarios, espacios e historias de BibloRed, desde la experiencia de nuestros colaboradores y además, reforzar ejercicios de escritura y  lectura conjunta.