Nohora y Rosa: madre e hija fortalecen su nudo inquebrantable tejiendo en la Biblioteca Pública Bosa
Paola Cortés, auxiliar de la Biblioteca Pública Bosa, recuerda que siempre que Nohora la ve le saluda, y a escondidas le entrega un dulce en su mano. “Ella cree que uno no se da cuenta pero hace lo mismo con todo el mundo”, explica Paola, que enfatiza en la ternura de la usuaria.
Nohora Beltrán asiste hace 9 años a la Biblioteca Pública Bosa. La primera vez en este espacio la recuerda porque una amiga suya la llevó, y desde entonces participa en diversas actividades con regularidad, ahora con su hija Rosa, quien se encarga de cuidarla y acompañarla regularmente a cada sesión. “Mi amiga ya no puede venir porque está muy enferma ahora”, dice Nohora.
Frescura es la palabra con la que Nohora y Rosa se ponen de acuerdo para describir lo que sienten al entrar a la biblioteca. Cuando ponen un pie en este espacio dejan de lado la pesadez del constante movimiento que tiene Bogotá. Para ellas, la biblioteca es ese lugar donde pueden abstraerse de lo que trae el día a día y tejer lazos con la comunidad.
Precisamente, el tejido en croché y el bordado las mantienen unidas a la biblioteca. “Yo me imaginaba la biblioteca como funcionaba antes, que era para investigar, para la universidad y el colegio”, expresa Nohora, que no imaginó lo mucho que podría aprender allí.

Nohora y Rosa, usuarias destacadas de la Biblioteca Pública Bosa / Foto: @EsteMichael - BibloRed
Rosa empezó a tejer en la primaria de su colegio cuando vivían en Gama (Cundinamarca). Después de descubrir que en la biblioteca podía profundizar ese conocimiento, la razón de ir a la biblioteca ya no fue solamente acompañar a su madre.
Al principio Rosa iba con su mamá a las sesiones para adultos mayores. Con el tiempo, reactivaron el costurero con 6 personas. Tras más de dos años, bajo el liderazgo de la auxiliar de la biblioteca Paola Cortés, han alcanzado hasta 60 personas por sesión. Este es un espacio en el que no solamente tejen y bordan, sino que trabajan en conjunto para el bien colectivo.
“Yo pensé que la biblioteca solamente era para leer e investigar. Me gustaba el tejido, los talleres de LabCo, la huerta y las actividades. Es bonito porque acá uno hace amistades y vida social. Con el tiempo, las compañeras me nombraron líder del costurero”, expresa Rosa.
La enseñanza y el cuidado recíproco entre madre e hija
El hilo conductor que mejor resume la relación entre Nohora y Rosa se cuenta en la biblioteca a través del tejido. “Mi mamá fue la que me enseñó a hacer la cadeneta. Ahora me toca enseñarle a ella”, explica Rosa.
El aprendizaje no ha sido el único lazo que las une, ahora los roles de cuidado se han invertido. Rosa se encarga de estar pendiente de su madre casi de la misma manera que Nohora lo hacía cuando ella era apenas una niña. En la biblioteca es una rareza cuando una está sin la otra.
“Creo que el costurero es importante porque acá adquieren conocimiento y le van enseñando a más personas. Acá se enseña, se aprende, se replica la información y eso hace que venga más gente”, dice Paola.
El espacio va más allá de un ejercicio pedagógico. En él se acostumbra tener el compartir en cada sesión, también allí hablan de lo que les preocupa o les hace feliz. En el caso de Nohora, no siempre es el tejido la actividad que realiza, a veces le pide a Paola una hoja con mandalas que colorea mientras el resto teje.
“Yo asisto a la biblioteca para que mi mamá venga y se distraiga con las compañeras”, explica Rosa, que con los años también ha encontrado un lugar que la acoge y en el que es parte activa enseñándoles a más personas sobre el croché.

Nohora y Rosa, usuarias destacadas de la Biblioteca Pública Bosa / Foto: @EsteMichael - BibloRed
El emprendimiento como opción
En las creaciones de Nohora y Rosa se destacan gorros, patines para bebés, carteras, monederos, portacelulares, bufandas, carpetas, cobijas y bufandas han sido algunas de las creaciones que con el tiempo han aprendido.
Ahora mismo Rosa puede pronunciar con propiedad la palabra emprendimiento gracias al croché. Si bien es uno de los rostros visibles del costurero junto a compañeras como Inés o María de Jesús, su próxima meta es aprender a hacer zapatos.
Además de los productos con los que ha nutrido su emprendimiento, con su conocimiento en el croché, también ha contribuido con el grupo del costurero a tejer memoria dejándole creaciones a la biblioteca. Se destacan el mapa de Bosa tejido o el borrachero en croché, árbol insignia de la localidad. Además, también tienen un pesebre hecho con amigurumis que muestran al público cada final de año.
Para que el arraigo de Nohora y Rosa se mantuviera, el trabajo de Paola, auxiliar de la biblioteca, fue fundamental. De ella resaltan su paciencia para enseñar. En el costurero han asistido desde niños a adultos mayores sin conocimiento del tejido, y ella está ahí pendiente para nivelarlos con los demás desde la práctica.
El anhelo de Rosa es que el costurero continúe creciendo. Cada vez son más las y los integrantes con interés en comenzar un negocio a partir de esta práctica y la biblioteca está ahí pendiente del acompañamiento. También están las personas que buscan distraerse e invertir su tiempo de forma más amena. Para cualquier propósito el costurero siempre está con las puertas abiertas los jueves a las 10:00 a. m. en la Biblioteca Pública Bosa.


