Rafael Gómez: 76 años, unos patines y una biblioteca
Fotos e historia por: María Camila Aguilera Garzón
Llegó al cerro norte en un momento difícil, cuando el trabajo escaseaba y las preocupaciones eran constantes. Durante años fue electricista, plomero, carpintero, comerciante, o como se conoce popularmente… todero. Siempre trabajando, siempre resolviendo. Sin embargo, nunca había tenido un espacio para aprender sin presión ni costo.
En la biblioteca encontró ese lugar. “Aquí no se gasta un peso… uno viene a leer y ya”, dice. Lo que empezó como una forma de ocupar el tiempo se convirtió en su rutina diaria. Viene de martes a sábado, lee durante horas, juega ajedrez y conversa. “Prácticamente mi casa la cambio por la biblioteca”, menciona.
La lectura se volvió una herramienta para entenderse mejor. Busca libros sobre el cerebro, el estrés y las emociones. La biblioteca no solo le ofreció entretenimiento, sino herramientas para vivir con más calma y conciencia.
También transformó su manera de relacionarse. “Yo no era casi charlador”, reconoce. Hoy se siente parte de una comunidad. En la Biblioteca Pública Usaquén – Servitá no es un adulto mayor aislado, es un lector activo que sigue aprendiendo y un jugador de ajedrez empedernido.
En medio de dificultades económicas y retos personales, este espacio se convirtió en su lugar seguro. Un lugar donde no necesita dinero para permanecer, donde el conocimiento es accesible y donde cada día puede descubrir algo nuevo.
Incluso sus patines hacen parte de esa filosofía de vida. “Los patines ayudan a educar a la gente”, dice convencido. Para él, mantenerse en movimiento físico y mental, es una forma de resistir el paso del tiempo.
No siempre fueron patines. Al principio se movilizaba en patineta, pero notaba la incomodidad de las personas cuando debía cargarla en el transporte público. Esa sensación lo llevó a buscar otra opción. Empezó a leer sobre patines, a investigar, a entender cómo funcionaban y qué necesitaba para usarlos con seguridad. Decidió arriesgarse. “Esto es lo que tengo que aprender… a patinar bien”, se dijo. Desde entonces, convirtió ese aprendizaje en parte de su rutina diaria.
A sus 76 años, Rafael baja del cerro en patines y visita cada día la biblioteca con la certeza de que aún tiene mucho por aprender. En la Biblioteca Pública Usaquén - Servitá encontró más que libros: encontró un espacio para sentirse acompañado y vivo.


